En un recuadro de esta entrevista, Rodolfo Terragno -quien parece no haber sido nunca aceptado del todo por los radicales- recuerda su trato con Frondizi. Rescata su política petrolera y su posición de incorporar al Peronismo en el sistema político, incomprendida por otros en su momento. No menciona el plan Conintes ni otros vaivenes de una relación complicada.

En el cuerpo principal del reportaje se puede destacar el rechazo de que el parlamentarismo solucionaría el carácter personalista del presidencialismo ("el gobierno más personalista fue el de Thatcher"). Dice que tuvo que abandonar el gobierno de la Alianza cuando pretendió ejercer sus atribuciones constitucionales como Jefe de Gabinete y no como un secretario presidencial.

Justamente esta semana en una entrevista televisiva, el ex presidente De la Rúa se quejó de que algunos ministros, como Terragno, se comportaban como primeras figuras. Su error -según él- fue ser demasiado generoso al convocar a sus colaboradores por su talento. País ingrato.
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Obama parece destinado a ser objeto de polémicas algo absurdas aún cuando no haya hecho nada para merecerlas. Y éste parece ser el motivo principal del ruido sucitado por su premio Nóbel de la Paz: que todavía no hizo nada para merecerlo. Más aún, un somero análisis de la lista de sus colegas políticos predecesores, parece mostrar una tendencia a otorgárselo a quienes hayan terminado una guerra o firmado un tratado de paz,  no importa de cuántas víctimas inocentes hayan sido responsables previamente.


Así entendido, el criterio del comité noruego parece haber sido hasta ahora el de estimular a las fieras a dejar de matar a cambio de un premio glamoroso. En cambio, ahora el criterio parece haber cambiado por el de premiar los más bellos discursos y la mejor voz para decirlos; aunque el protagonista esté desarrollando una tortuosa guerra con muchas víctimas civiles en dos países soberanos invadidos por sus tropas. Parece fácil coincidir con el articulista de El País cuando insinúa que éste no fue un premio de la Paz sino de la Comunicación.


Curiosamente, las razones invocadas por el comité parecen coincidir con algunas encuestas internacionales que muestran una dramática mejora en la imagen de los Estados Unidos en el mundo. Y eso, en la Era del Marketing, resulta decisivo incluso para un comité de supuestos expertos que demuestra -una vez más- hasta qué punto la construcción mediática del Sentido Común ejerce su influencia penetrando cualquier ciudadela.

Tal vez, el comité noruego debería aprovechar la ocasión para dejar establecida una nueva subcategoría destinada a presidentes de países en guerra, adhiriéndose a la creatividad publicitaria de los bushistas: la del Premio Nóbel de la Paz Preventivo.
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No, no tengo ese secreto, pero es un título con buen gancho. Donde sí se dan una variedad de razones para que se hable tanto de esta dupla es en este artículo al que corresponde la ilustración.
De ente los datos aportados, hay dos que me interesan porque aluden -sin explicitarlo- a dos condiciones históricas poco dimensionadas habitualmente.

Uno de esos datos es la menor centralización geográfica del poder político en Brasil que en Argentina. El otro es la alianza preferencial con EE.UU. desde la 2ª Guerra Mundial.
Sospecho que ambos tienen que ver con las circunstancias que mantuvieron al Brasil a la zaga nuestra hasta hace 60 años y se transformaron en ventajas desde entonces.

El federalismo de Brasil está ligado a la temprana formación de distintas élites coloniales, dedicada a diferentes productos de exportación cada una, sucediéndose en el predominio sin dejar de competir entre sí. Es lo que se conoce como "ciclos del palo brasil, del azúcar y del café", a lo que hay que sumar la minería. Frente a esta falta de unidad de las clases dominantes adquiere fuerte autonomía la burocracia estatal (formada y nutrida durante la radicación temporaria de la casa real portuguesa) encargada de negociar entre los sectores. La tardía independencia y abolición de la esclavitud configura una sociedad muy desigual y poco integrada.

En la Argentina, en cambio, tras las guerras civiles se conforma una clase dominante unificada en torno a la complementación agropecuaria con el capitalismo europeo (británico en primer lugar) y el puerto único. El Estado, así, se reduce a poco menos que otra de las ramas de negocios de esta élite diversificada y padecerá luego los avatares de ser, apenas, un instrumento en la disputa distributiva. El aporte europeo de capitales y población necesarios para ocupar las actividades subsidiarias a ese esquema dependiente (chacareros, ferroviarios, comercio, etc) generó los caracteres secundarios de una semejanza superficial con la metrópolis. Espejismo de una futura sociedad plenamente industrializada cuya realización era contradictoria con ese esquema complementario inicialmente exitoso (para la clase dominante).

La decadencia europea y el ascenso estadounidense al predominio mundial invirtió las ventajas relativas de la Argentina y el Brasil. La primera intentó aferrarse inútilmente a una potencia en decadencia (motivo real de la neutralidad en la guerra) hasta ser liquidada por el competidor norteamericano. Por las razones inversas se cimenta la alianza del Brasil con la nueva potencia en la fundamentación de su industria (siderúrgica de Rio Doce). Y será el Estado la fuerza impulsora de la transformación de los "fazenderos" cafetaleros (y algunos inmigrantes) en la burguesía industrial paulista. Proceso de transformación eludido por la clase dominante argentina intentando forzar desde el Estado (por asalto militar o cooptación menemista) la financiarización  de la economía y destruyendo, de paso, la base industrial del poder sindical. Un callejón sin salida donde nos estrellamos en 2001-2.

Con esta perspectiva tal vez se comprenda mejor lo absurdo (y perverso) de quienes agigantan los logros del vecino para cuestionar, por contraste, los supuestos defectos de las gestiones kirchneristas desde el mismo diario desde el que impulsaron la involución del país. Y así, también hay que valorar el lance provocador de Rollo Tomasi (Lucas Llach) desde el propio "vientre del monstruo", como diría el viejo José Martí.
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Este viejo conservador aconseja a un joven liberal a desatarse


En su famoso discurso de despedida de la presidencia, el General Dwight Eisenhower advirtió al pueblo norteamericano del peligro representado por los intereses creados del gigantesco complejo Industrial-Militar. Décadas más tarde, el joven liberal Barack Obama está experimentando el peso de esos intereses en carne propia.
Un artículo del Dr. Ciapuscio resume dos notas recientes en publicaciones prestigiosas que muestran dos opiniones divergentes sobre el tema.

Garry Willis en el New York Review of Books parece desencantado. En lo que va de su período presidencial ya lo ve a Obama atrapado por la red de responsabilidades y secretos derivados a la Oficina Oval por las agencias de Inteligencia y Seguridad Nacional. Muchas promesas de cambio no serán cumplidas y la extraordinaria concentración de poder acumulada por el Ejecutivo desde mucho antes de la Era Bush no será devuelta al Legislativo como era la intención original de la Constitución.
Me resulta interesante esta postura, ya que para realizar sus demandas radicalmente liberales (desde el estado de cosas actual) sería necesario un activismo político poco menos que revolucionario.

Por otra parte, Joseph Cirincione en Foreign Policy parece mucho más optimista ya que ve la decisión de abandonar el proyecto de escudo misilístico para Europa Oriental como un signo de la capacidad de Obama de tener una política pragmática. No estaría, pues, constreñido por los planes urdidos por los Neocon antes de su arribo.

Hay que esperar y ver; los signos no son claros todavía. El acuerdo de facilidades para usar seis bases militares en Colombia (con un número indeterminado de tropas mercenarias) pesa en el lado de los "business as usual" (los negocios acostumbrados) de la balanza. En cambio, la negativa a reconocer al gobierno golpista de Honduras (sponsoreado por los lobbies de la fruta y el café norteamericanos) mantiene viva la esperanza de que Obama al menos busca despegarse de la secular política Imperial hacia el "patio trasero".

Eisenhower advierte del peligroso complejo militar-industrial

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