Un trabajito de hace un tiempo con un tema siempre de actualidad. Ilustración para un artículo que pasa revista a la actividad profética de la pretendida Casandra criolla, enmarcada en la tradición Radical desde el viejo Leandro Alem.
La pequeña diferencia, claro, es que las profecías de la Casandra troyana del mito se cumplían, aunque nadie les diese crédito. Las de Lilita pasan una tras otra al archivo de lo grotesco.
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Esta nota del Dr. Ciapuscio resume un artículo publicado en The New York Review of Books por el teólogo suizo al que el Papa le prohíbe enseñar y ejercer el sacerdocio.
Küng culpa al celibato obligatorio impuesto a los sacerdotes católicos por la mayor parte de los escándalos sexuales que vienen acosando a la Iglesia.

Según Küng, no hay razones de ningún tipo para continuar con esta práctica abandonada por todas las otras denominaciones cristianas.
Históricamente, el celibato obligatorio fue introducido recién en el siglo XI por presión de los monjes (célibes voluntarios). Yo añadiría: y para evitar la división de los bienes feudales de los obispos entre la Iglesia y los hijos de aquellos.

Teológicamente, el Nuevo Testamento es claro:
Según 1 Timoteo 3:2: "pero es preciso que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, (no "de ninguna mujer").
Finalmente, Küng apela a los obispos para "juntar el coraje  para urgir al Papa Benedicto XVI" a hacer un "mea culpa" y a abrir una discusión sobre la regla del celibato, discusión que fue suprimida hacia el final del Concilio Vaticano II en los años sesenta.
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A veces puede ser interesante escuchar voces disonantes en medio del coro entusiasta por la digitalización masiva. Aunque no siempre estemos seguros de que tenga alguna utilidad.
Este artículo se ocupa de las advertencias anti-tecnológicas de Jaron Lanier. Artista, músico y -paradójicamente- ingeniero informático que fuera pionero de la Realidad Virtual. 
Lanier es un políticamente incorrecto enemigo del software libre, de la Wikipedia y, en general, de la Web 2.0 y de todo aquello que huela a participación colectiva en la tecnología digital. En su opinión, estos fenómenos son indicativos de un peligroso "Maoísmo digital" colectivista, una mentalidad de colmena que atenta con matar al individuo. 
También la emprende contra el poder de los buscadores (Google) para determinar lo que será relevante para la mayoría y lo que quedará relegado. Para rematar la lista de males, la emprende contra el anonimato de los usuarios de Internet que promueve -según él- ataques insidiosos y "cazas de brujas". Contra todo ello proclama la necesidad de "un nuevo humanismo digital" que evite que las decisiones de los ingenieros informáticos determinen nuestro futuro como los ingenieros de los ferrocarriles lo hicieron en el s.XIX.

Pocos días después de publicada esta nota apareció en el mismo diario una respuesta bastante sensata de Tomás Buch, que relaciona estas supuestas amenazas con agorerías semejantes presentadas contra otras revoluciones tecnológicas en el pasado (la imprenta, el automóvil). Con buen criterio, Buch recuerda que la selección de las noticias ya ocurre en los titulares de los diarios y que el individualismo está bastante estimulado por la Escuela y el consumismo publicitario. En todo caso, dice, si algo caracteriza al mundo informático no es la colectivización sino la anarquía. Por último, si hablamos de Inquisición y caza de brujas, de torturas o de la ESMA, su existencia real -no virtual- no necesitó de la amenaza informática para desplegar su horror.
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Cada dos años Mario Bunge desciende desde el Olimpo primermundista y pontifica sobre lo mal que se hacen las cosas aquí. En un gesto repetitivo, dice un par de barbaridades sobre cualquier tema (no sólo ciencia, puede ser música de rock o fútbol) y enseguida se forman dos bandos: los que lo veneran y los que no entendemos que le vieron.
En fin, como  mi jefe está entre los primeros, me toca ilustrar la consabida entrevista. Este año parece que el tema del día es el de la eterna lucha entre los "hijos de la luz" y los "hijos de las tinieblas". Él no lo dijo así, claro, en los términos apocalípticos de los Rollos del Mar Muerto. Pero su esquema de pensamiento me resulta igual de anacrónico.

Sigue atado a la formación positivista decimonónica de sus mayores, para la cual la realidad existe sólo como materia cuantificable empíricamente por una ciencia objetiva externa a ella. Esa misma concepción que hizo del Partido Socialista argentino el ala izquierda del liberalismo burgués agroexportador. No hay allí participación del observador en su objeto, involucramiento subjetivo ni condicionamiento social. Ni que hablar de contradicciones inconscientes: el Psicoanálisis es una seudociencia equiparable a la astrología, ya que no tiene un objeto de estudio cuantificable ni es pasible de experimentación en laboratorio. Sobre esto último (sobre todo por la influencia que tiene por el aura que le dan) recomiendo leer este post.

Pero este año también trajo una novedad inesperada para sus lectores de La Nación. Hay que reconocerle que a los 90 años debe tener un juvenil espíritu burlón para largarles a sus fieles adoradores que: "El que no entiende al peronismo no entiende a la Argentina". Ysigue: que si el gobierno es malo la oposición es peor; que él fue un gorila pero que ahora reconoce que el peronismo hizo cosas buenas; que Perón era inteligente y quiso modernizar al país; que los conservadores no querían modernizar nada.

En suma, el hecho mismo que este especialista en ofender a todo el mundo (a los científicos y filósofos argentinos en primer lugar) tenga predicamento todavía, es el mejor mentís a su prédica racionalista. Es propiamente un milagro.
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