Joseph Nye, acádemico y asesor de quienes toman decisiones a largo plazo en EEUU, creó una analogía sencilla para entender la situación de su país cuando su posición de "superpotencia única" empieza a declinar. Así como en computación hablamos de "hardware" (las máquinas) y "software" (los programas), él habla de "hard power" (el poder militar y económico) y de "soft power" (el poder cultural y académico).

En su visión, los EEUU estarían declinando en el primero, pero lo compensarían con la gran capacidad que tienen sus universidades de atraer a las mejores inteligencias del planeta. Haciendo otra analogía -esta vez, histórica- podría decirse que ese tipo de "premio consuelo" ya lo experimentaron griegos, romanos, franceses e ingleses, entre otros. La influencia cultural alcanzada por un Imperio deja su huella, pero los pueblos que disfrutaron -al menos, en parte- de los beneficios de una posición dominante, sufren la decadencia en carne propia.

Esta nota del Dr. Ciapuscio se refiere a la idea de Nye y señala que el atractivo cultural norteamericano ya empieza a ser desafiado por China, con su red de Institutos Confucio distribuidos por todo el mundo, para atraer estudiantes. Pero hay más.
David Gosset, un francés multicultural experto en temas asiáticos, publicó hace poco en el periódico Asia Times un largo ensayo en el que agrega a la analogía del profesor Nye un tercer concepto que encuentra en la matriz  del pensamiento  estratégico de la élite dirigente china. Se trata del "poder sutil", un concepto holístico y contextual que rompe con la bidimensionalidad anterior.

Tratándose de sutilezas, no es sencillo describir en qué consiste ese "poder sutil", pero su ensayo analiza los que serían los cinco principios organizadores del mismo. Para quienes no leen habitualmente en inglés, hay una pasable traducción española de este ensayo. Aquí adelantamos la introducción general a la idea del "poder sutil":

Menos espectacular que el poder duro, más intangible que el poder blando, el poder sutil pretende conformar un contexto que maximiza la eficacia de las dos dimensiones tradicionales de poder. Mientras el poder duro actúa directamente - incluso por la fuerza - para imponerse y el poder blando atrae y recoge, el poder sutil establece el entorno en el que el poder duro y el poder blando pueden producir efectos óptimos.
La extraordinaria capacidad de China para contextualizar prepara a los principales responsables del país – ciertamente,  al nivel del Grupo Líder Reducido de Relaciones Exteriores del Partido Comunista de China -  para tener un enfoque holístico de los asuntos mundiales. Esto no debe interpretarse como una negativa a adoptar una posición clara sobre ninguna cuestión en particular, sino que debe entenderse como la prudencia de considerar cuidadosamente cómo las acciones en un tema concreto pueden afectar al equilibrio de todo el sistema. Mientras el poder duro y blando analiza y selecciona los casi interminables componentes individuales del juego del poder global, el poder sutil aprehende sintéticamente sus interacciones.
Estoy lejos de ser un experto en geopolítica y en la cultura china. Pero veo el camino tomado por la elite china para lograr un rápido crecimiento, como uno que se entrega al modelo norteamericano de capitalismo, en lugar del europeo (la explotación absoluta de los trabajadores, la falta de protección social y el derroche de recursos por parte de la minoría de los ricos y una clase política cerrada). Mantengo mis dudas en su capacidad para evitar las crecientes tensiones sociales que se le avecinan.

En cualquier caso, no puedo ver este modelo grosero y poco democrático de sociedad como muy "sutil" para con su propio pueblo, y desde luego, no me siento demasiado ansioso por verlo dominar a nivel mundial y como un modelo exitoso para otros.
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(Nota: los "lemmings" son pequeños roedores que -supuestamente- regulan su población arrojándose en masa por los abruptos acantilados árticos).

Después de los ataques del 11 de Setiembre de 2001, la histeria por ejercer una pronta represalia condujo al pueblo norteamericano hacia el abismo de la guerra sin fin, la pérdida de las libertades civiles, la debacle moral, la deuda monstruosa y el caos económico. Bin Laden no podía haber soñado con un éxito más completo.

No estoy discutiendo acá quién fue la verdadera mente maestra detrás de los ataques. Estoy contestando a la respuesta del "sentido común" expuesto por la mayoría de los dibujantes editoriales estadounidenses en ese momento. Era la primera vez que yo veía una colección de trabajos de mis colegas norteamericanos y quedé horrorizado: un montón de águilas jurando venganza mientras aguzaban sus garras. La libertad de opinión incluye ciertas responsabilidades y, en este aspecto, la reacción superficial de entonces carga con una cuota por el actual estado del mundo.

A modo de balance quisiera recomendar este texto de Noam Chomsky. Una idea en  el texto me parece de importancia primordial:
Los ataques de Setiembre de 2001 fueron el cierre de un círculo abierto otro  11 de Setiembre pero de 1973. El del golpe contra Salvador Allende orquestado y financiado por la dupla Nixon-Kissinger, que inició una cadena de dictaduras militares en Lationoamérica con el objeto de acabar con las reformas sociales nacionalistas en la región e imponer un régimen económico neoliberal abierto a la inversión financiera especulativa.
Esto, a su turno, derivó en Estados endeudados, incapaces de auxiliar a sus ciudadanos más débiles y limitados a la función policial de reprimir las previsibles protestas y el incremento de la tasa criminal. La perfecta pesadilla del "darwinismo social" que ahora está sobrevolando sobre los Estados Unidos.
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