Hoy los chilenos deben elegir una nueva presidenta y las apuestas están abrumadoramente a favor de que Bachelet recupere el puesto a costa de la candidata derechista Matthei.

Pero esto no significa que la vaya a tener fácil. Hay una serie de reformas por las que su pueblo clama. La inequidad en primer lugar. Mientras la cifras de la macroeconomía ubican a Chile como un modelo a los ojos de los economistas neoliberales, la población chilena muestra signos de estar harta del costo de ese éxito. Según la OCDE, Chile tiene el peor record de inequidad entre sus miembros. De hecho, también entre sus vecinos.

Las gigantescas manifestaciones estudiantiles de los últimos años (niciadas, en realidad, durante el anterior período de Bachelet) llevaron al primer plano el drama detrás del crecimiento del PBI y la modernización: la gente vive endeudada con los bancos para pagar el costo de los servicios privados; desde la salud a la educación o el agua. Mientras el cobre (con mucho la principal exportación) ha tenido precios crecientes durante décadas, permitiendo acumular fondos soberanos manteniendo impuestos bajos, las perspectivas de la demanda china y europea no son estables y una reforma impositiva se hace ineludible.

Lo mismo ocurre con el sistema político heredado de la dictadura pinochetista cuya sombra planea sobre un país que no ha sido capaz, aún, de confrontar las heridas del pasado. Bachelet centró su campaña en la promesa de terminar con esas deudas. Ahora bien, si el reaccionario 1% de los ricos y sus amigos militares se van a someter a esas reformas y renunciar a sus privilegios sin oponer resistencia, entonces sí podríamos hablar de un "milagro chileno".
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Ilustración para esta nota de agencia sobre el "escándalo" del espionaje de Obama sobre amigos y aliados destapada por Snowden. Como bien dice la (mucho más interesante y colorida) nota complementaria: lo único escandaloso en esto es la hipocresía con la que se reviste la más conocida (e ineludible) actividad de cualquier dirigente político: el espionaje.
Y agrego yo, recurriendo al tesoro de frases para toda ocasión que nos dejara el General Vizcacha: "Los hombres son buenos, pero si se los vigila son mejores".
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El mismo ritual se repite cada año: las Naciones Unidas condenan el bloqueo norteamericano a Cuba (con la sola oposición del condenado y de Israel). El gobierno norteamericano invoca la falta de democracia en la isla mientras corre a alimentar a los hambrientos de la "democrática" Corea del Norte y compra toneladas de electrónicos de la "democrática" China y refugia a terroristas que sabotean aviones cubanos. Y de tanto en tanto apoya algún "democrático"golpe de Estado en algun país de Latinoamérica.
No sólo Fidel se está volviendo viejo viendo esta estúpida telenovela. Nosotros estamos cansados, también.
¡Ah! y mis empleadores se ocupan de las maldades del régimen dictatorial denunciadas por Luis Alberto Romero y sus amigos en valientes congresos de "intelectuales" (con una ayudita de la CIA, claro). A mi me toca ilustrarlo con dibujitos como éste.
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