El juicio a un grupo neonazi que comienza esta semana en Munich amenaza con convertirse en un juicio al propio gobierno de Angela Merkel.
Durante diez años el autodenominado Subterráneo Nacional Socialista asesinó a diez personas (la mayoría inmigrantes turcos) sin ser investigado por la policía alemana, pese a un cantidad de pistas que apuntaban al grupo cuya actividad no era desconocida. En un claro caso de preferencias sesgadas, los investigadores descansaron en la cómoda suposición de que se trataba de "venganzas de la mafia turca".
Las disculpas emitidas por una contrita Merkel mal pueden ocultar que las organizaciones neonazis han sido toleradas por una policía renuente y un sistema judicial indulgente. Nada de que asombrarse viniendo de un gobierno conservador que ha mostrado su inmisericordia hacia un pueblo entero, como el griego, el cual fue presionado durante años a comprar cantidades absurdas de armamentos (inclusive submarinos) en Alemania) para luego ser acusado de gastar irresponsablemente. Capitalismo del mejor.
Enlaces a esta entrada


El sociólogo Sebastián Pereyra hizo una tesis de doctorado en París sobre  el periodismo de investigación en la Argentina de los '90. Aunque refleja el auge que ese género tomó por entonces, uno de los aspectos estadísticos interesantes que encontró fue que la mayor parte de las denuncias de corrupción no se originaron en investigaciones periodísticas, sino entre los políticos desplazados de las propias coaliciones gobernantes.
De todos modos, el periodismo como motorizador de las denuncias (y su variante espectacular, el escándalo) adquirió un protagonismo inédito:
A partir de los 90, y ésta es una de las cuestiones que más me sedujeron a la hora de investigar, se muestra claramente cómo el periodismo se transforma en un actor político legítimo sobre la base de una paradoja: porque desde la propia actividad el periodismo se define a sí mismo como fuera de la política pero luego, de hecho, se convierte en un actor de primer rango en la escena política.
Quien mejor comprendió y expuso el perjuicio que provoca el discurso omnipresente sobre la corrupción fue Martín Caparrós, con su advertencia contra el "honestismo": si sólo vamos a hablar de la corrupción, terminamos invisibilizando las diferencias entre las opciones políticas que afectarán nuestro futuro:
O sea: si este mismo sistema estuviera administrado sin la menor fisura, habría –supongamos– un tercio más de recursos para hospitales y escuelas, y los pobres tendrían un poco más de gasa y un poco más de vacunas y un poco más de tiza –y los ricos seguirían teniendo tomógrafos y bypasses al toque y computadoras en el aula. Quiero decir: si todos los políticos fueran honestos, todavía tendríamos que tomar las decisiones básicas: en este caso, por ejemplo, si queremos que haya educación y salud de primera y de segunda, o no. Si queremos que un rico tenga muchísimas más posibilidades de sobrevivir a un infarto que un pobre, o no.
Recomiendo leer toda la compilación de notas (incluyendo desgrabaciones propias) que Eva Row hizo del tema.

Finalmente, mi reflexión historizante: si las denuncias periodísticas adquirieron protagonismo en los '90 fue porque la dictadura universal del capitalismo financiero había convertido en irrelevantes las diferencias entre opciones políticas. 
Entre nosotros eso se empezó a palpar desde que Raúl Alfonsín tuvo que aceptar la renuncia al programa económico de Grinspun con el que había llegado al gobierno. Carente del respaldo interno (peronismo) y externo (fracaso del Club de Deudores), los bajos precios agrícolas -y la consecuente escasez de dólares de respaldo- lo dejaron inerme ante las corridas (golpes) implementados por el sector financiero incubado por la dictadura cívico-militar. Desde entonces su gobierno fue retrocediendo en chancletas intentando contener los ataques con tímidas iniciativas de privatizaciones "prolijas" (plan Terragno). 
Lo que por entonces no comprendía(mos) era que lo que se buscaba no era un "mejor clima de negocios" sino el desastre y el pánico para anular todo viso de autonomía de los políticos e -inclusive- del capital productivo transnacional (plan Bunge y Born). La llegada de Domingo Cavallo (tres hiperinflaciones mediante) coronó la victoria completa del capital financiero.
Convertido el poder político en mero gerente de gestión económica del sector financiero (FMI, Consenso de Washington), el periodismo (de izquierda, Página 12) canaliza las protestas fragmentarias de los sectores perjudicados (empleados estatales con salarios congelados, desocupados de las industrias liquidadas) por el único flanco de receptividad pública: la corrupción. El periodismo mayoritario (La Nación, Clarín) se reservó hasta que llegase el período de renegociar sus apoyos.
Lo realmente trágico de este esquema de convertir el "grado cero de la política" (el "Honestismo"como dice Caparrós) en programa, fue que la izquierda política (Frente Grande) adoptó esta estrategia para combatir al menemismo, de modo que su avance electoral se hizo a costa de vaciar su discurso (y su Alianza) de contenido político diferenciado, manteniendo los instrumentos financieros (la Convertibilidad) del vaciamiento económico hasta su hecatombe terminal de Diciembre de 2001. El éxito de consignas como "que se vayan todos" o "la corrupción mata" -originadas en la izquierda trotskysta- es índice de la debacle intelectual y política de ésta, al declamar una retórica clasista y ejercer una práctica pequeño-burguesa.

Conclusión: la tarea delicada frente a la nueva ofensiva por imponer periodísticamente el debate en base al eje "corrupción-honestidad" consiste en "separar la paja del trigo",  no permitiendo que la discusión sobre cuál es el modelo económico (y cuál su mejor agente político) que  permite imaginar un futuro con mejores posibilidades para la mayoría, sea sumergido por un "tsunami" de denuncias periodístico-judiciales de corrupción donde se revuelcan lo real con lo fantasioso.

Enlaces a esta entrada
Parecidos pero no iguales.

Enlaces a esta entrada

Esta ilustración (en realidad un fotomontaje con retoques) fue hecha para esta nota (en realidad una reseña de dos libros).  Lo curioso es que el título de la nota (que se repite en el hilo de la redacción) salió de la idea con la que interpreté la descripción telefónica de lo que mi jefe pensaba escribir. Sinergia periodística, que le dicen
La nota se ocupa de dos aspectos bien diferentes de lo que ocurre al interior de la Iglesia argentina. 
Por un lado, los fenómenos de religiosidad popular que desbordan los marcos intitucionales. Por otro, la diferentes generaciones de intelectuales católicos y su ensamble con la historia del país. La reaccionaria que se encarama en el poder con el golpe del '30; la social que forma el partido Demócrata Cristiano en los '50; la tercermundista de los '60 y '70. 
¿Habrá una generación del papa Francisco?

Enlaces a esta entrada

Esta ilustración fue hecha para esta nota. Pero la metáfora de la "tentadora" Anita Ekberg me gustó como símbolo de algo diferente: la intensa corrupción vaticana que ya se llevó puesto a Ratzinger y veremos si no lo hace con Bergoglio también.

Entretanto, esta es la traducción al castellano de mis impresiones sobre el nuevo papa que escribí para los lectores de mi blog en inglés, que -tal vez- ya sean muy obvias para los lectores argentinos.
----------------------------------
¿Así que se preguntan qué clase de papa será mi compatriota Jorge Bergoglio (también conocido como Francisco)? en dos palabras: uno muy, muy político. A diferencia de su predecesor Ratzinger, este no es un hombre de gabinetes, sino un hombre de la calle. Fue el típico chico común, criado en un típico barrio de clase media-baja de Buenos Aires. Con una particularidad: él eligió ser sacerdote (contra la fuerte oposición de su madre). Y eligió serlo por el camino más arduo: en la Compañía de Jesús; así que como cualquier jesuita es un hombre que sabe de ascetismo mezclado con duro trabajo de estudios.

El tiempo y el lugar son importantes: Bergoglio llegó a sus responsabilidades sacerdotales cuando la Argentina era desgarrada entre izquierdistas y derechistas. Muchos jóvenes sacerdotes fueron seducidos por la Teología de la Liberación y decidieron residir en las "villas miseria" en busca de un Jesús "revolucionario", enfrentado a los "sumos sacerdotes" y los "mercaderes del templo". Bergoglio (como la facción peronista a la que estaba vinculado, Guardia de Hierro) buscó una "tercera posición": acercar los pobres a la Iglesia sin disolver a ésta entre aquellos. Esta es la raíz de su ambigua conducta con respecto a la feroz última dictadura: ayudó silenciosamente a aquellos que apelaron a él, mientras dejaba solos a aquellos que se negaban a reconocer las nuevas circunstancias (este es el caso de dos jóvenes sacerdotes de los que se ha ocupado la prensa en estos días).

El cardenal Bergoglio se convirtió en jefe de la Iglesia argentina cuando el país luchaba por superar la más profunda crisis de su historia. Mientras que pudo no haberse opuesto al enfoque neo-keynesiano de Néstor y Cristina Kirchner, bien pudo sentirse alejado por la retórica izquierdista de éstos y su enfatizada proximidad a los organismos de Derechos Humanos que resentían la complicidad de la jerarquía eclesiástica con la dictadura. De modo que se vio envuelto en una competencia con ellos y más cercano a la dispersa oposición política. Como resultado de ello, fue derrotado por las iniciativas liberales (como el matrimonio igualitario) que ellos apoyaron y fueron bien recibidas por la mayoría. Cuando su prospectiva parecía ser la jubilación, se encuentra con una nueva y mucho más amplia oportunidad.

Así que -con las debidas restricciones- esta es mi conjetura de las acciones previsibles del papa Francisco:

1) Al interior de la Iglesia, una postura enérgica contra el encubrimiento de casos de abusos. Una exigencia de "salir" a trabajar con los pobres, los jóvenes y los marginalizados (como los drogadictos). No veo un final cercano al celibato sacerdotal sino una actitud flexible hacia aquellos que optan por el matrimonio y desean seguir vinculados a la Iglesia de alguna manera.

2) En América Latina, un esfuerzo por controlar el ascenso de gobiernos populistas, intentando morigerar su retórica izquierdista y colocando a la Iglesia como suprema autoridad moral. Esta es la principal tarea para la que fue elegido.

3) Hacia la economía globalizada, un énfasis en el compromiso de los empresarios con la creación de puestos de trabajo y una dura condena de los efectos deletéreos del Capitalismo financiero.

4) Hacia las relaciones entre la Iglesia y la Mafia italiana, no meter la nariz y dejar que los negocios sigan como acostumbraban. Esta también es una "tarea" para la que fue elegido.
Enlaces a esta entrada
El Memorandum de Entendimiento con Irán permitirá -ante todo- finalizar el juego del contencioso entre los dos países, basado en pruebas secretas que nadie ha visto, aportadas por un testigo de identidad reservada. Un juego en el que la Argentina ha servido de peón en un tablero geopolítico ajeno. Sugiero leer esta entrevista con quien estuvo involucrado en las primeras etapas de la investigación, antes de que las pistas reales fueran borradas.

Por otra parte permitirá terminar con las infinitas ambigüedades que prosperaron a la sombra de una causa judicial insepulta. Un ejemplo es Fabián Bosoer, autor de la nota para la que hice esta ilustración. Mientras defiende en un periódico local de difusión limitada la posibilidad de que el acuerdo redunde en efectos positivos, sostiene en una columna del New York Times, el tradicional relato prejuicioso que la derecha internacional quiere leer.

Posiblemente tengan razón quienes -apelando al golpe bajo- denuncian el acuerdo como "el Punto Final" de la causa. Pero se olvidan de que la causa descarriló hace mucho, cuando fue desviada por el juez Galeano (y sus instructores de los servicios) hacia la vía muerta de la Traffic-bomba y de Irán. Final de juego, entonces, para las muchas hipocresías que vienen encubriéndose con ella y -tal vez- inicio de otro viaje; esta vez hacia la trama de encubrimientos y complicidades de adentro y de afuera.
Enlaces a esta entrada

Puede recobrar la salud o no. Puede gustarte o no. Pero que ya entró en la Historia, no hay dudas.
PD: Para un análisis teórico en serio del significado histórico de Chávez, recomiendo el post del siempre agudo Iohannes Maurus.

Enlaces a esta entrada
El post del estribo de este año es para una entrevista reciente, en la que Natalio Botana tira algunas líneas que podrían servir para un debate político un poco menos berreta que el dominante. 
Se le podría reprochar que, al caracterizar el desastre ferroviario de Once como ejemplo de la cultura del "Estado-botín", no profundiza en la historia previa de desmantelamiento y privatización del Estado en los '90. Tampoco dice cómo revertir esa historia.

Pero se le debe reconocer la honestidad intelectual de no ocultar que los aspectos que le disgustan de los gobiernos elegidos por el voto popular no nacieron con ellos. No son muchos los intelectuales orgánicos del conservadorismo argentino capaces de explicitar los pecados originales de las élites -autoproclamadas liberales- al momento de plantar el andamiaje de ese Estado con los mismos objetivos parasitarios que reprocha en los partidos populares. Y su posterior prefererencia por los golpes armados (o el copamiento del menemismo que, incluso, parece reprochar a la pasividad sindical).

Dicen que la altura de uno se define por los adversarios que elige. A mí me gustaría que los intelectuales y periodistas que sacan la cara por este modelo de gobierno debatiesen más con Botana y menos con Carrió.

Después de todo, no estaría mal como deseo para el brindis de Año Nuevo.
Enlaces a esta entrada


"Justicia, justicia perseguirás" reclama el mandato bíblico que se popularizó después del brutal atentado a la AMIA. 
Y la Justicia parece ser el tema primordial de la agenda periodística de estos días. Tanto en el ámbito interno (Ley de Servicios audiovisuales, caso Marita Verón) como en el internacional (batalla contra los "fondos buitres").
Pero "perseguir" no significa necesariamente "alcanzar"; entre ambos media el instrumento de aplicación: el Derecho. Y el Derecho -lo dejó más que claro el barbudo de Tréveris- es una "super-estructura" que se asienta sobre las "bases materiales" de una sociedad. O, de otro modo, el sistema jurídico expresa un momento particular del juego de fuerzas existentes en una sociedad en un período histórico. Cuando el juego de fuerzas cambia, cambia también el orden jurídico que refleja el nuevo estado de cosas. Y nunca sucede a la inversa.
El gobierno ha lanzado el desafío de que "hay que democratizar la Justicia". Lo que significa que el ordenamiento actual no expresa los cambios que están ocurriendo sino, más bien, las rémoras de un orden anterior, organizado para impedir esos cambios. Se trata de una apuesta fuerte, de resultado incierto; entre otras cosas, porque no sabemos exactamente cuáles son las fuerzas en juego y a qué intereses expresan. Nuestra participación o nuestra abstención del debate político contribuirá, en alguna medida, al resultado final.

En otro momento en que la Justicia estuvo fuertemente cuestionada (hacia el fin de la década menemista) publiqué en el diario "Río Negro" un artículo con el título de este post cuya lectura (salvando los párrafos pertinentes a la época) tal vez fuera de interés actual:

Cuando se actúa en política seriamente ( y no sólo para la propia satisfacción moral o patrimonial ), las acciones deben ser consecuentes con las ideas. Pascal advertía que  “la justicia sin la fuerza es impotente; la fuerza sin la justicia es tiránica”. La ley no es un contrato de libre (in)cumplimiento; la estructura misma de su concepto, recuerda Kant, implica la posibilidad de ser aplicada (enforced, en inglés) por la fuerza. Pero si la ley no es antagónica de la fuerza sino que, por el contrario, la contiene en sí misma, se plantea un dilema: ¿cómo distinguir entre la fuerza de la ley y la violencia ilegítima o injusta?. Ya Montaigne, maestro del escepticismo, se había atrevido a decirlo: “Ahora bien, las leyes mantienen su crédito no porque sean justas sino porque son leyes. Es el fundamento místico de su autoridad, no tienen otro (...) El que las obedece porque son justas, no las obedece justamente por lo que debe obedecerlas”.
Jacques Derrida (Fuerza de ley, Tecnos, 1997) comenta este párrafo destacando la distinción establecida por Montaigne entre justicia y derecho. Mientras la ley tiene necesariamente una forma general, la justicia se refiere siempre a una singularidad, a individuos irremplazables. El derecho es el elemento del cálculo; la justicia es lo incalculable. Por eso, concluye Derrida, el hecho de que la justicia deba ser aplicada por el derecho es una experiencia aporética: una en la que la decisión entre lo justo y lo injusto no está jamás asegurada por una regla. 
Esto lleva a denunciar no sólo los límites teóricos sino, también, injusticias concretas de la buena conciencia que se detiene dogmáticamente ante una u otra norma heredada de la justicia. Pero en el momento, estructuralmente necesario, en que la creencia en un axioma es suspendida por el análisis (Derrida dice “deconstrucción”) se puede creer que no hay lugar para la justicia. Es un momento de suspenso angustiante pero también es el que abre el intervalo en el que las transformaciones y hasta las revoluciones jurídico-políticas tienen lugar. La justicia está por venir, tiene que venir, es por-venir
La idea final de este ensayo de Derrida es resistir a la tentación de una “justicia mesiánica”, coartada para no participar en las luchas jurídico-políticas. Abandonada a sí misma, la idea incalculable de justicia siempre puede ser reapropiada por el cálculo más perverso. Por eso es necesario reconocer que cada avance de la politización obliga a reconsiderar, a reinterpretar los fundamentos mismos del derecho tal y como habían sido calculados o delimitados previamente. Esto fue cierto en la Declaración de los Derechos del Hombre, en la abolición de la esclavitud y en todas las luchas emancipatorias que están y deberán estar en curso en todo el mundo.

Enlaces a esta entrada

No siempre tiene uno la oportunidad de decir con satisfacción que la ilustración salió muy parecida a como la había imaginado. Encontrar una buena fotografía para el fondo también ayudó bastante.

Sobre el tema de la nota no voy a agregar nada, porque esto se venía venir desde que se confeccionaron las listas y así lo consigné en su oportunidad.
Recomiendo leer la opinión de Sidicaro. Según él, Moyano empezó a distanciarse cuando le denegaron colocar un hombre suyo como candidato a Vice. ¿Y quién era este hombre? nada menos que Recalde, quien -para colmo de la ironía- abandonó a Moyano y se quedó junto a la presidenta.

Ahora que me acuerdo, sí tengo algo que agregar. Un marxista independiente como el profesor Astarita, llega a la conclusión de que -pese a lo limitado de los motivos del paro del martes- correspondía apoyarlo como postura de clase. Humildemente, creo que se equivoca. Esta movilización sindical no tenía contenidos de clase, ya que no estaba dirigido a disputar una porción de la plusvalía que se apropia la burguesía, sino a disputarle al Estado la proporción de aporte solidario que el sector mejor pagado de los asalariados hace al más desaventajado. Ya sé que ese aporte debería salir integramente de las ganancias patronales. Pero en esta realidad de hoy, hablar como Micheli de "hambre" por los aportes de asalariados solteros que ganan más de cinco mil pesos, es pedir que se lo tome a la chacota.
Enlaces a esta entrada