Aunque el primer mandato de Obama fue bastante desilusionante para sus entusiastas por su empecinada timidez negociadora  frente a las corporaciones y la campaña vociferante de la derecha, su triunfo en las elecciones para un segundo período (o, más bien, la derrota de Romney) supuso un gran alivio.
Tal vez, la cuestión principal que estaba en juego (aunque no se lo mencionara mucho durante los debates) era el nombramiento de un juez para la Corte Suprema ante la probable jubilación de uno de los integrantes del cuerpo durante este período. La incorporación de un miembro liberal equilibraría la balanza inclinada hacia el conservadurismo durante los ocho años de Bush. Esto permitiría poner límites a los aportes multimillonarios a los candidatos (que ya presentan un carácter de transacción comercial casi desembozada) y mantener conquistas liberales básicas, como la protección social a los desvalidos, el derecho al aborto, etc.
La gran novedad  que trajo esta elección, fue el peso decisivo que tuvo el voto de las minorías (latinos, negros, feministas, gays) frente al tradicional voto del "angry-white-man", el hombre blanco enojado, con el que se embanderaron los republicanos. Rush Limbaugh (uno de sus voceros radiales más escuchados) llegó a gimotear "hay que reconocerlo: nos están sobrepasando".
Sin embargo, aunque el cambio pueda parecer espectacular (y anuncie episodios de resistencia violenta) sus efectos en el largo plazo probablemente se limiten a los aspectos culturales del "melting pot" (el crisol de razas) antes que a la propia estructura económica del país o sus tendencias generales en la escena mundial. Lo que estos sectores reivindican es el reconocimiento a su derecho a participar en un pie de igualdad en el "sueño americano", no a cambiarlo por otro.

El último actor en entrar en la liza fue el "cambio climático", gracias al impacto del huracán Sandy sobre la orgullosa Nueva York y el resto de la costa nor-atlántica. Casi ni mencionado durante la campaña, ocupó un lugar de privilegio en el discurso del presidente tras la victoria. Y, probablemente, sea en este tema en el que más visible se haga la distancia entre las palabras y las cosas. La ecuación es simple: las nuevas tecnologías de extracción de hidrocarburos de esquistos (shell oil, tight gas) ofrecen la perspectiva de revertir la curva ascendente de los costos y -sobre todo- terminar con la dependencia de la importación y el condicionamiento de la política exterior. El progresivo "desenganche" de Estados Unidos de la intervención en Medio Oriente (incluyendo el respaldo político y financiero a Israel) supondría un cambio epocal.
Lamentablemente, también supondría el "enfriamiento" del apoyo a las energías alternativas. La nave del desarrollo económico seguirá, así, con el rumbo actual inalterable. Aunque esto signifique que haya que invertír más y más en reparar los daños de un casco cada vez más deteriorado.

Comments (3)

On 19/11/12 8:00 , Comandante Cansado dijo...

Jaaaaaaaaaaaaaaaaa. ¡Es buenísimo el dibujo! El detalle de la ropa de Romney y los saquitos de té es espectacular.

 
On 19/11/12 14:54 , Anónimo dijo...

Lo único que haría viable EL ZURDAJE en serio sería la total INDEPENDENCIA de los círculos financieros.Espero que sea esa su segunda presidencia.
Ello conduciría a liberar al mundo de la usura ,que no reside EN NINGUNA PARTE pués puede cambiar de centro a gusto pero ESTA EN TODAS PARTES.
Si nos estamos despidiendo de los NACIONALISMOS ,sería interesante que cambiáramos eso por un INTERNACIONALISMO autenticamente justo.
Sin otro criterio que la usura ,difícil.
No solo de ABORTO vive la izquierda .

 
On 20/11/12 19:48 , Bob Row dijo...

Comandante: En realidad, ese detalle lo tomé de los colegas norteamericanos, pero gracias.

Anónimo: Buen comentario; estoy de acuerdo.