Es curioso como me encargaron esta ilustración para una nota de agencia. El editor no recordaba el nombre, pero sí algunos hitos de su histora. Una rápida búsqueda me convenció de que no podía ser otro. Estudiante de medicina y músico, jefe Tupamaro (se le atribuye la ejecución de Dan Mitrione). Prisionero y rehén en aislamiento absoluto que rozó la locura mística. Refugiado y estudiante de nuevo en Suecia, sus avances en el diagnóstico del Alzheimer le valieron la candidatura al Nóbel. Protagonista de un libro y una película: El Círculo. Otra de esas rarezas que vienen exhibiendo los uruguayos.

Comments (2)

On 28/3/10 3:47 , Galliano dijo...

Interesante personaje, ¿La película y el libro son sobre su vida?
Me parece un tupa más digno que otro que anda proponiendo ortodoxias macroeconómicas y servicio militar para cansar a los adictos.

 
On 28/3/10 17:42 , Bob Row dijo...

Sí, claro, el trailer de la película lo resume bastante bien. Incluso creo que ya se emitió por el canal Encuentro, así que seguro que se puede pescar de nuevo.
El reciclamiento de ex-guerrilleros en la Democracia (burguesa) es un tema complejo. Intuyo que tiene que ver con el hecho de que el paso a las organizaciones armadas es un fenómeno jacobino-radical de las capas medias. Intelectuales que llegan a una decisión consciente individual porque no están ligados a la evolución orgánica de los cuerpos colectivos obreros.
Por eso, la evaluación posterior de esa experiencia va también de un extremo al otro.
Mujica parece adoptar el camino intermedio de transformar lo posible dentro de las reglas del juego. Otros, como el que mencionás, sobreactúan el repudio a su pasado.
Engler parece -por algunas frases que leí- dispuesto a reivindicarlo con una tosudez bastante estalinista. Incluso conserva el color místico que su Fe socialista tomó durante su encierro.
Hilando fino podría especular con su formación en la Colonia Rusa (judía, cosa que nunca menciona) de San José, desde donde se referencia con la Revolución Rusa, negando radicalmente los contenidos cultural-ideológicos de esa herencia. Al punto de que en su delirio místico se identificó con el Jesús mesiánico des-historizado por la abstracción paulina. Para evitar esos delirios místicos, el Judaísmo tradicional prohibía los estudios cabalísticos antes de pasar por una sólida formación racionalista talmúdica. Y, aún así, advertían que no hay garantía contra la locura al entrar en el jardín de la Cabalá.
El Gnosticismo fue una influencia poderosa sobre todas las religiones de los siglos I a III, pero el Cristianismo lo incorporó como grado superior de la Fe (el arrebato místico, la levitación, etc.) en lugar de preservarse. El resultado fue la extensión imprevista de las herejías Cátaras y su inevitable represión violenta.
Si lees "El nombre de la Rosa" en su contexto temporal (fines de los '70) podrías pensarlo como una metáfora de la violencia radical de las Brigadas Rojas (la herejía mística extremista) y su represión inquisitorial. ¿Te parece demasiada especulación? Un abrazo.