Nunca fui un fan de Bradbury. Pero en abril tuve que recordar su convincente metáfora en Fahrenheit 451, cuando se armó un barullo por la sorpresiva restricción a la importación de libros y revistas. Si bien el gobierno posiblemente estaba buscando ahorrar algunos billetes del balance comercial, la inverosímil excusa invocada fue la de controlar el ingreso de impresos con tintas tóxicas. La realidad es que mensualmente llegan toneladas de revistas no vendidas (principalmente de Europa) que son ofrecidas por debajo de su costo.
Para colmo, estaba por inaugurarse la Feria del Libro de Buenos Aires (con la expectativa de más de un millón de visitantes y compradores), de modo que el gobierno fue acusado de poner en riesgo el futuro de la cultura y la ciencia en el país.
Al final, el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, salió a calmar las aguas publicando una entretenida carta abierta en la que advirtía que no había que confundir una medida comercial con una guerra a los libros en el estilo de Fahrenheit 451. Guillermo Moreno levantó las restricciones a los libros de uso personal y la tormenta se desvaneció.

Comments (1)

On 16/6/12 23:04 , ana dijo...

Me da risa porque el primer peronismo fué todo lo contrario a ésto.
CON BASE EN EL TRIPODE IGLESIA ,EJERCITO Y SINDICATOS.
BIEN DE DERECHA DIGAMOS .Damos algo para que no se venga el COMUNISMO dijeran los conservadores nacionales como mi tìo abuelo político ALBARIÑO y su cuñado RADIO dirigente ULTRACONSERVADOR ENTRERRIANO ,quien llevò a EVITA A EUROPA a ser ovacionada por FRANCO.
LA EPOCA DE ALPARGATAS SI LIBROS NO.
Donde este macaneo corrido de CARTA ABIERTA no hubiera tenido cabida.
Evita hasta bastante antisionista era.