Un conocido apotegma atribuído al economista (Nobel) Simon Kuznets contrapone irónicamente los casos especiales de Japón y Argentina a los tipos generales de países desarrollados y subdesarrollados (el primero es una potencia sin tener condiciones naturales y la segunda, teniendo de todo...bueno). 

Pero una escritora mexicana cree haber mejorado la apuesta: la pequeña Botswana (un desierto con diamantes) se independizó en 1965 y viene creciendo al 9% anual desde la nada, mientras Argentina retrocedió desde los mejores puestos de ingreso per cápita hace un siglo hacia el puesto 51 o 55 actual

La causa de estos desarrollos cruzados sería la estabilidad institucional y la economía abierta del país africano versus la inestabilidad y cerramiento nuestros. Lo que equivale a preguntar qué fue primero, si el huevo o la gallina. 

Para el caso de Botswana, puede leerse aquí una colorida crónica de los méritos que desplegaron el jefe Khama y sus sucesores para librarse del destino de subordinación al racismo sudafricano. Si la sabiduría de esos jefes los preparó para la independencia, no era suficiente para garantizar su desarrollo. Para ello resultó una feliz coincidencia que su subsuelo poseyera las minas de diamantes más ricas y que la empresa monopólica de éstos -De Beers de Sudáfrica- ya no estuviera en manos del cruel Cecil Rhodes sino de la liberal familia Oppenheimer, opositores al Apartheid. 

Para sintetizar: De Beers hizo el país, compartió la empresa con el Estado y preparó alternativas para cuando los diamantes se agoten. También presionó para correr a los bosquimanos San (el grupo más cercano al origen de la Humanidad) de arriba de sus minas. Pero ese detalle es para otra discusión. La de ahora es si el éxito de Botswana se explica por su liberalismo (donde el Estado posee el 50 % de su riqueza) y el retroceso argentino por su cerrazón y desprecio por las instituciones liberales.

El tema es tratado con extensión en un volumen de aspiraciones omnicomprensivas que es el nuevo best-seller académico en EEUU, de nombre "¿Por qué fracasan las naciones?" (Why nations fail?). La tesis, que podríamos llamar institucionalista, sostiene que las causas de la prosperidad no son las condiciones naturales ni la cultura (en ese sentido se aleja del fatalismo) sino sus instituciones jurídicas y económinas. La idea es sencilla: las instituciones pueden ser extractivas o inclusivas. Los países que prosperaron son los que en algún momento pasaron de unas a otras y las que no lo hicieron fracasaron.

Argentina ocupa unas cuantas páginas del enorme volumen de comparaciones. La principal fuente bibliográfica sobre nuestro país es el conocido texto del historiador David Rock. He tenido la oportunidad de traducir los capítulos referidos a nuestro país y no pude menos que insertar unos cuantos (sic) ante errores notorios. Por ahora baste decir que el resumen explicativo es que nuestra primera expansión fue conducida por una élite egoísta (extractiva) que se abrió poco y tarde (ley sáenz Peña) y fue reemplazado por un régimen cerrado (el Peronismo) que no respeta las instituciones ni los contratos. Una explicación simple que recorta la historia estructural y social a su conveniencia. No hay allí explicación del Menemismo neo-liberal, ni del Corralito (¿peronista acaso?) ni, claro, de la Corte Suprema actual.

Pero, ya se sabe, no hay que permitir que las complejidades de la realidad arruinen la belleza de una tesis simple que explica todo, ni más ni menos.

Comments (2)

On 16/8/12 18:46 , belén.- dijo...

ay, estos cientistas sociales.
hacemos un esquema tan bonito con una teoría genial que lo explica todo... y después estrujamos a la realidad para que entre ahí adentro. si hay que omitir o dibujar un poco no importa, total, los posmos dicen que la realidad no existe, sino múltiples interpretaciones de ella (gracias al giro linguístico ya no nos tenemos que hacer cargo de nada).

bien por botswana. podríamos mandar a vivir ahi a alguos de los comentaristas de la nazion pá que se nos maravillen.

 
On 19/8/12 2:23 , Bob Row dijo...

Mirá que linda frase que ví hoy en Twitter:
"Postmodernist were wrong: the grand meta narrative never died. It just turned into a banal and grandiose fairy tale about the Internet."

La verdad, cuando leo esas frases sobradoras de parte de una ¡mexicana! y pienso en la guerra civil de 50.000 muertos que tiene delante de sus ojos, termino creyendo que a los cientistas sociales se les permite publicar con las mismas exigencias intelectuales que a los comentaristas de Youtube.