En la conversación previa a la caricatura para esta nota sobre el último libro de Ceferino Reato hablamos de contraponer el Videla marcial previo al golpe con el -presuntamente- más sosegado de la actualidad.

Sin embargo, la nota no corresponde exactamente a ese contraste. Tomando cierta distancia del enfoque y la actitud poco inquisitiva del entrevistador, busca, más bien, desarrollar un paralelo entre la Dictadura y el Nazismo. El punto en común estaría dado por la "cosificación" del enemigo, la privación de su humanidad, reflejada en la fórmula cuartelaria ("disposición final") que da título al libro. El paralelo no intenta ir mucho más allá, lo que resultaría escasamente fructífero, ya que la elaboración ideológica de los émulos sudamericanos carecía de la grandiosidad delirante del original. Su programa no pasaba de ser una restauración radical del orden capitalista regional, subordinado a las exigencias imperiales, como es debido.

Y ese programa es, precisamente, el que sigue reivindicando con tozudez el anciano de hoy. De paso reconoce (uno de los puntos más interesantes) la necesidad metodológica de la "desaparición" sistemática, para desorientar y desmoralizar a los enemigos aún por alcanzar. Lo cual resulta en una admisión indirecta del Terrorismo de Estado ejercido desde su gobierno (por cuanto cualquier civil, obrero o estudiante podía integrar las redes enemigas). Y desmiente -de paso- la mentira consciente sobre su ignorancia del destino de los desaparecidos en aquél famoso reportaje filmado de entonces.

En fin, si bien mi interés por los personajes individuales no se extiende desde la caricatura hacia la Historia, sí creo que las particularidades de Videla tienen que ver con la crueldad empecinada de esos primeros años. Y no porque fuera un "terrible hijo de puta" como le exigió Osvaldo Quiroga a Reato que admita. Ese traje le calza mejor a un Pinochet, con sus ademanes mussolinianos y su hipocresía rimbombante que ocultaba cuentas secretas en Suiza. 

No, se trata más bien de la "seriedad mortal" (como definió al joven Heidegger la esposa de Cassirer) con la que un personaje oscuro y de entendimiento limitado quiso cumplir implacablemente con la misión para la que creyó haber sido elegido; tal como asumió la cruz vergonzante que le tocó en su vida familiar. La virtud de la fe implacable -diría Cioran- es la madre de las más terribles crueldades.

PD: Imprescindible leer este artículo para entender la banalidad de lo humano que vincula el genocidio argentino al genocidio nazi.

Comments (2)

On 2/5/12 19:58 , ana maria parente dijo...

El nazismo y el PROCESO DE REORGANIZACION NACIONAL dos circunstancias horrendas e imperdonables ,pero de naturaleza distinta.
El proceso de reorganización nacional màs bien fué la ocupaciòn de las fuerzas armadas de su propio territorio con el pretexto de la inseguridad interna.Podría relacionarse con los cuadros de inhumanidad posteriores al 11 de setiembre en USA.
ANTES QUE TODO LA CARICATURA ESTA SOBERBIA y ,esta vuelta si totalmente de acuerdo con ud.en cuanto a sus conclusiones .
Llegué a devolver un tìtulo de perfeccionamiento profesional por estar firmado por un militar que en ese momento ocupaba el cargo de decano.Lo hice en pleno proceso .Algo que no fué cruel PERO FUE UNA MOUNSTRUOSIDAD JURIDICA.
Esa mounstruosidad que constituyó la OCUPACION DE LAS FUERZAS ARMADAS DE SU PROPIO TERRITORIO.

 
On 3/5/12 23:35 , Bob Row dijo...

Gracias, ana. Me alegro de que estemos de acuerdo.